viernes, 15 de junio de 2012

SIMBOLISMO


El simbolismo es un movimiento artístico que nace a finales del siglo XIX y que pone en común las investigaciones de pintores, poetas y literatos. Sus orígenes se vinculan al “Manifiesto del Simbolismo”, publicado en “Le Figaro” en 1886 por Jean Moréas. 



Orígenes



El simbolismo es esencialmente pictórico, y es que una amplia corriente de pintura simbolista recorrió el último cuarto de siglo XIX, paralelamente a las experiencias lumínicas al impresionismo y sus secuelas. El simbolismo reprende el sentido profundo de la pintura.



Ante la pura visión de los pintores que siguen el rastro de Manet, los cuadros simbolistas remiten a escenarios oníricos en una línea que preludia lo que será el surrealismo. Como en éste, la fuerza de la imagen se basa en la meticulosidad del dibujo, en un color efectista y en la iluminación adecuada para generar una atmósfera inquietante. 



El simbolismo presenta imágenes opuestas a la realidad visible o científica para demostrar que existe una realidad escondida que, si no es posible conocer, es al menos posible de intuir. Arnold Böcklin, simbolista, decía que la pintura tiene que explicar algo, que la poesía tiene que hacer pensar y una pieza musical impresionar al espectador.



El simbolismo: la expresión del mundo interior



El simbolismo tuvo una aceptación positiva relativamente generalizada entre la crítica y el público de su momento, deseosos de una pintura de vocación trascendente resuelta con una estética de asimilación fácil. 


Con el simbolismo nació una división en el Arte contemporáneo de dos tendencias opuestas. La primera, básicamente impresionista y cubista, considera la imagen como una realidad externa, concebida como un hecho existente fuera del individuo y respecto al cual este se tiene que situar. La segunda, que se identifica con el simbolismo y también con otras corrientes del arte abstracto , considera la imagen como la expresión de algo interior, de una idea, un pensamiento que tiene que ver con la personalidad y la expresividad del artista, y que está al margen de la realidad concreta del mundo que nos rodea.


Sus figuras principales, Gustave Moreau, Arnold Böcklin y Odilon Redon disfrutaron de una importante reputación. Pero el que más éxito tuvo fue Pierre Puvis de Chavannes (1824-1898), especialmente desde la presentación, en 1881, de su cuadro “El pobre pescador”. El cuadro, fascinante por su atmósfera congelada e intemporal, provocó un gran debate entre defensores y detractores de la estética fría y cargada de melancolía, en la cual el color, extraordinariamente harmonizado, es fundamental.


Mary C. Acosta!

viernes, 23 de marzo de 2012

El Realismo
Es un movimiento cultural que se da principalmente durante la segunda mitad del s. XIX en toda Europa. Esta nueva manera de ver las cosas se inicia hacia 1850 en Francia , con la publicación de la revista “Realisme” que define los rasgos más característicos de este movimiento.
Las novelas realistas se escriben desde los años treinta pero el Realismo como escuela no se consolida hasta la década de los cincuenta, con la Revolución de 1868, en que van tomando cuerpo las posiciones antirrománticas o superadoras del Romanticismo.
Asigna como fin a las obras artísticas o literarias la imitación fiel de la naturaleza, cuyo auge se da en Europa en la segunda mitad del siglo XIX.
Características del Realismo
·         Aparece una rigurosa observación de la realidad como método descriptivo, influido por las ciencias experimentales; los escritores se documentan sobre el terreno, tomando minuciosos apuntes sobre el ambiente, las gentes, la indumentaria, etc. También buscan en los libros los datos necesarios para conseguir la exactitud ambiental o psicológica.
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·         Utilización de una técnica objetiva frente al subjetivismo romántico. El autor es un cronista aunque en ocasiones exponga algunas opiniones personales.
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·         Intención social de los escritores. Se intenta descubrir las lacras o cualidades, manías y hasta deformidades sociales y contribuir a eliminarlas; renace la idea del “Arte útil”.
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·         En el estilo se observa una progresiva eliminación de la retórica grandilocuente de los románticos, se adapta el lenguaje a la condición social del personaje. De ahí la importancia que adquiere el reflejo del habla popular .
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·         El novelista refleja ampliamente la sociedad contemporánea. Se recoge una gran diversidad de ambientes. Entran ahora en la novela sectores sociales como los medios burgueses o las capas inferiores de la sociedad.
Como conclusión el Realismo desarrolla elementos románticos: el costumbrismo, el gusto por lo local y regional; sin embargo, elimina algunas facetas anteriores como el subjetivismo, el uso exagerado de la imaginación o la evocación constante del pasado legendario.
Los Temas
Principalmente están derivados de la mentalidad burguesa: el poder, el dinero, la influencia social o las cuestiones políticas del momento.
Los Personajes
Reflejan los cambios y tensiones sociales, aparecen proletarios, mendigos, políticos y la clase media.
La Novela realista
Durante la segunda mitad del s. XIX se desarrolla una prosa periodística, la llamada prensa obrera, cuenta las tensiones sociales de la época. Más tarde florece la prosa científica y humanística, pero el verdadero esplendor de este género se da con la novela.
En la novela se consiguió dar una visón completa de la sociedad en un determinado tiempo histórico : los personajes, los ambientes, los problemas, … formando un mundo verosímil y cotidiano. El novelista se convierte en el portavoz de la conciencia colectiva, consiguiendo una buena conexión entre novelista y sociedad.
Características de la Novela Realista :
·         El tema principal de la novela es el conflicto entre el individuo y la sociedad. Se intenta conocer el motivo de la marginación del personaje dentro de la sociedad.
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·         El centro de la novela es el personaje, que reúne y expresa los rasgos generales de su grupo social. Se consigue un retrato casi perfecto del personaje, no solo físico sino también moral ; utilizando las técnicas de exploración de la alma humana como el monólogo interior y el estilo indirecto libre.
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·         Hay una variada pintura de ambientes, principalmente costumbristas ; reuniones en casinos, paseos callejeros, culto religioso, fiestas populares, etc.
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·         Es una representación total de la vida, eliminando lo fantástico. El autor muestra las miserias e intereses humanos de la época, convirtiéndose en crítico y juez, intentando mejorar la sociedad.

REALISMO LITERARIO


Claro de Luna, de: Guy de Maupassnt


Claro de luna
Guy de Maupassant



El padre Marignan llevaba con gallardía su nombre de guerra. Era un hombre alto, seco, fanático, de alma exaltada, pero recta. Decididamente creyente, jamás tenía una duda. Imaginaba con sinceridad conocer perfectamente a Dios, penetrar en sus designios, voluntades e intenciones.
A veces, cuando a grandes pasos recorría el jardín del presbiterio, se le planteaba a su espíritu una interrogación: "¿Con qué fin creó Dios aquello?" Y ahincadamente buscaba una respuesta, poniéndose su pensamiento en el lugar de Dios, y casi siempre la encontraba. No era persona capaz de murmurar en un transporte de piadosa humildad: "¡Señor, tus designios son impenetrables!" El padre Marignan se decía a sí mismo: "Soy siervo de Dios; debo, por tanto, conocer sus razones de obrar, y adivinar las que no conozco."
Todo le parecía creado en la naturaleza con una lógica absoluta y admirable. Los principios y fines se equilibraban perfectamente. Las auroras se habían hecho para hacer alegre el despertar, los días para madurar el trigo, las lluvias para regarlo, las tardes oscuras para predisponer al sueño, y las noches para dormir. Las cuatro estaciones correspondían totalmente a las necesidades de la agricultura; y jamás el sacerdote sospecharía que no hay intenciones en la naturaleza, y que todo lo que existe, al contrario de lo que él pensaba, se sometió a las duras necesidades de las épocas, de los climas y de la materia.
Sin embargo, el padre Marignan odiaba a las mujeres, las odiaba inconscientemente y las despreciaba por instinto. Repetía casi siempre las palabras de Cristo: "Mujer, ¿qué hay de común entre tú y yo?" Y entonces añadía: "Se diría que el mismo Dios estaba descontento de aquella creación suya." Para él, la mujer era la criatura doce veces impura de que habla el poeta. Era el ser tentador que había arrastrado al pecado al primer hombre y que continuaba la obra infernal, el ente flaco, peligroso, misteriosamente perturbador. Y más aún, que su cuerpo de perdición detestaba a su alma amorosa.
En alguna ocasión había sentido esa ternura femenina envolviéndole, y aunque se supiese inexpugnable, se exasperaba ante la necesidad de amar que palpitaba incesantemente en tales criaturas.
En su opinión, la mujer sólo existía para tentar al hombre y probarlo. Nadie debería aproximarse a ella sin las precauciones defensivas y los recelos que se tienen ante las celadas. Y en verdad se parecía a una celada, de labios suplicantes y brazos abiertos, tendida al hombre.
El padre Marignan apenas tenía indulgencia para las religiosas, cuyo voto las hacía inofensivas; pero, a pesar de ello, las trataba con rudeza, porque sentía que, latente en el fondo de sus corazones enclaustrados, tenían aquella perpetua ternura, alcanzándolo a él, aunque fuese cura.
La presentía en aquellas miradas más húmedas de piedad que las de los frailes, en aquellos éxtasis donde se transparentaba siempre la mujer, en aquellos transportes de amor a Cristo que lo indignaban, porque en ellas todo era materia; veía la maldita ternura en la propia docilidad, en la dulzura de la voz cuando le hablaban, en los ojos puestos en el suelo, en las lágrimas resignadas, si él las reprendía con dureza.
Sacudía la sotana en las puertas del convento y salía de allí rápidamente como si huyese de un peligro.
Tenía el cura una sobrina que vivía con su madre en una casita próxima. Se le había metido en la cabeza hacer de ella una hermana de la caridad.
Era bonita, alegre y zalamera. Cuando el padre la reprendía se limitaba a reír, y cuando la regañaba de veras lo besaba con vehemencia, apretándolo contra su corazón, mientras el sacerdote, involuntariamente, procuraba deshacerse de aquel abrazo, que al mismo tiempo le proporcionaba una dulce alegría y despertaba en él la sensación de paternidad que yace en el fondo de todo hombre.
Muchas veces le hablaba de Dios, de su Dios, mientras caminaban por los campos; pero la joven no lo escuchaba y miraba el cielo, las hierbas, las flores, con una alegría de vivir que se le asomaba a los ojos. En algunas ocasiones corría para coger una mariposa, exclamando al traerla consigo: "Mire tío, ¡qué linda es! ¡Hasta siento deseos de besarla!" Y esta necesidad de besar insectos o flores encorajinaba, irritaba y revolvía al padre, que una vez más tropezaba con la enraizada ternura que germina siempre en el corazón femenino.
Pero un día, la mujer del sacristán, que cuidaba de las faenas domésticas de la casa del padre Marignan, le comunicó cautelosamente que su sobrina tenía un enamorado.
Sintió un asombro tan grande que quedó sofocado, sin poder hablar, con la cara llena de jabón, pues en aquel momento empezaba a afeitarse.
Tan pronto como se halló en estado de reflexionar y de poder pronunciar alguna palabra, exclamó:
-¡Está usted mintiendo, Melania! ¡Eso no es verdad!
Mas la campesina juró solemnemente:
-¡Que Nuestro Señor no me dé más de una hora de vida si yo le miento, señor cura! Ella se entrevista con él todas las noches después que su señora hermana está acostada. Se encuentran en las márgenes del río. Si quisiera verlos e ir allá, es entre las diez y la media noche.
El párroco dejó el afeitado de su cara y púso se a pasear de un lado para otro, como hacía siempre en las ocasiones de grave meditación. Cuando volvió a afeitarse, se cortó tres veces entre la nariz y la oreja.
Durante todo el día se mantuvo silencioso, lleno de indignación y de cólera; a su indignación de eclesiástico ante el invencible amor, se unía una exasperación de padre moral, de tutor, de director espiritual engañado, eludido por una criatura; esa cólera egoísta de los padres a quienes la hija anuncia que hizo sin ellos y sin su consentimiento la elección del marido.
Después de comer intentó leer un rato, pero no lo consiguió; se sentía cada vez más indignado. Al sonar las diez tomó el bastón, una enorme rama de árbol que llevaba siempre en sus caminatas nocturnas cuando iba a llevar los Sacramentos a algún moribundo. Contempló sonriendo la enorme garrota con sólido puño campesino mientras la agitaba amenazadoramente, y, de repente, la levantó y, con los dientes apretados, golpeó una silla, cuyo respaldo roto cayó al suelo.
Al abrir la puerta para salir, se detuvo sorprendido por la extraordinaria luz de la luna, bella como casi nunca suele verse.
Poseedor de un espíritu entusiasta, espíritu que todos los padres de la iglesia, esos poetas soñadores, deberían tener, se sintió repentinamente distraído de lo que tanto le preocupaba, impresionado por la grandiosa y serena belleza de la pálida noche.
En el jardincillo del presbiterio, bañado por suave luz, los árboles en flor alineados en filas dibujaban sobre el paseo sus sombras de frágiles ramos de hojas que nacían, en tanto la madreselva gigante, unida al muro de la casa, exhalaba deliciosos aromas como azucarados, que vagaban en la noche fresca y clara como un alma perfumada.
El párroco respiró hondo, bebiendo el aire como los ebrios beben vino, y fue caminando a pasos lentos, feliz, maravillado, olvidándose casi de la sobrina.
Cuando llegó al campo se paró para contemplar la llanura inundada por la luna acariciadora, sumergida en el encanto suave y lánguido de las noches serenas.
Las ranas lanzaban al espacio, incesantemente, sus notas cortas y metálicas, y ruiseñores lejanos dejaban oír una música que provocaba los sueños y no obligaba a pensar; esa música leve y vibrante que parece creada para los besos, bajo la seducción de la luna.
El cura continuó su camino con el corazón turbado sin que supiese el porqué. Sentíase de repente débil y agotado; tenía deseos de sentarse, de quedarse allí a contemplar y admirar a Dios a través de su obra.
A lo lejos, siguiendo las ondulaciones del riachuelo, serpenteaba la línea extensa de los chopos. Una neblina fría, un vapor blanco que atravesaban los rayos de luna, tornándolo plateado y brillante, estaba suspendido alrededor y encima de sus márgenes y envolvía el curso tortuoso de las aguas en una especie de algodón leve y transparente.
Una vez más se detuvo el padre Marignan, empapado hasta el fondo de su alma de un enternecimiento creciente, irresistible. Y una vaga inquietud lo iba invadiendo; sentía nacer dentro de sí una de sus habituales interrogaciones:
¿Con qué fin había creado Dios semejante noches? Pues, si estaban destinadas al sueño, a la inconsciencia, al reposo, al olvido de todo, ¿para qué hacerlas más bellas que los días, más dulces que las auroras y las tardes? Y ¿por qué razón ese astro lento y seductor (más poético que el sol y que parece destinado, de tal manera es discreto, a iluminar cosas demasiado deliciosas y misteriosas para la luz del día) transformaba las tinieblas en transparencia?
¿Por qué razón el más hábil de los pájaros cantores no descansaba como los otros y se hacía oír en la sombra perturbadora?
¿Para qué envolvía el mundo aquel fino velo?
¿Y porqué los estremecimientos del corazón, la emoción del alma y la languidez del cuerpo?
¿A quién estaba destinado aquel desdoblar de encantos que los hombres no contemplaban, porque reposaban en sus lechos?
¿Para quién, entonces, ese espectáculo sublime, esa abundancia de poesía lanzada del Cielo a la tierra?
Y el párroco no encontraba explicación. Pero he aquí que distantes, a la orilla del prado, bajo la bóveda de los árboles húmedos y brillantes de rocío, habían aparecido dos sombras caminando muy unidas.
El hombre era más alto e iba abrazado al cuello de su compañera; de vez en cuando la besaba en la cabeza. Sus figuras animaron de repente el paisaje inmóvil que los rodeaba como un marco divino creado para ellos.
Se diría que no eran más que un solo ser para quien se destinaba aquella tranquila y silenciosa noche; venían en dirección al sacerdote como una respuesta viva, la respuesta que el Señor concedía a su pregunta.
Él continuó allí con el corazón palpitante, turbado, imaginando ver una escena bíblica como los amores de Ruth y Booz o la realización de un designio de Dios en uno de aquellos grandes cenáculos de que hablan las Escrituras. Se acordó de los versículos del Cantar de los cantares, de las llamadas de amor, de todo el calor de ese poema ardiente de ternura.
Y se dijo a sí mismo: "Tal vez Dios hiciese estas noches para velar de ideal los amores de los hombres."
Iba retrocediendo frente a la abrazada pareja que avanzaba siempre. Era la sobrina, sin duda. Sin embargo, el sacerdote se preguntaba a sí mismo si no iría él a desobedecer a Dios. Pues, ¿no era que Dios permitía el amor al rodearlo de un esplendor así?
Y el cura huyó, desorientado, casi con vergüenza, como si acabase de penetrar en un templo en el que no tuviera derecho de entrar.

Poema FLOR de: Juan Antonio Pérez Bonalde



FLOR
I
Flor se llamaba, flor era ella, flor de los valles en una palma, flor de los cielos en una estrella, flor de mi vida, flor de mi alma. Era más suave que blanda arena, era más pura que albor de luna, y más amante que una paloma, y más querida que la fortuna. Eran sus ojos luz de mi idea, su frente lecho de mis amores, sus besos eran dulzura hiblea, y sus abrazos collar de flores. Era al dormirse tarde serena, al despertarse rayo del alba, cuando lloraba limbo de pena, cuando reía cielo que salva. La de los héroes ansiada palma, de los que sufren el bien no visto, la gloria misma que sueña el alma de los que esperan en Jesucristo; Era a mis ojos condena odiosa si comparada con la alegría, de ser el vaso de aquella rosa, de ser el padre de la hija mía. Cuando en la tarde tornaba al nido de mis amores, cansado y triste, con el inquieto cerebro herido por esta duda de cuanto existe; Su madre tierna me recibía con ella en brazos –yo la besaba… y entonces … todo lo comprendía y al Dios sentido todo lo fiaba!...¿Qué el mal existe? --- ¡Delirio craso!¿Qué hay hechos ruines? --- ¡Error profundo! ¿No estaba en ella mirando acaso la ley suprema que rige al mundo? ¡Ah! cómo ciega la dicha al hombre, cómo se olvida que es rey el duelo, que hay desventuras sin fin ni nombre que hacen los puños alzar al cielo. ¡Señor! ¿existes? ¿Es cierto que eres consuelo y premio de los que gimen, que en tu justicia tan sólo hieres al seno impuro y al torvo crimen? Responde, entonces: ¿por qué la heriste?¿cuál fue la mancha de su inocencia, cuál fue la culpa de su alma triste? ¡Señor, respóndeme en la conciencia! Alta la lleva siempre y abierta, que en ella nada negro se esconde; la mano firme llevo a su puerta, inquiero… y nada, nada responde. Sólo del alma sale un gemido de angustia y rabia, y el pecho, en tanto por mano oculta de muerte herido se baña en sangre, se ahoga en llanto. Y en torno sigue la impía calma de este misterio que llaman vida, y en tierra yace la flor de mi alma, y al lado suyo mi fe vencida.
II

¡Allí está! Blanca, blanca como la nieve virgen que el potente viento del Norte de la cumbre arranca; como el lirio que troncha mano impía orillas de la fuente que en reflejar su albura se engreía. ¡Allí está! … La suave primavera pasó; pasó el verano y la estación poética en que el ave y las hojas se van; retornó el cano, pálido invierno con su alegre arreo de fiesta y de niños, y aún la veo y la veré por siempre…¡Allí está!... fría entre rosas tendida, como ella blancas y puras y en botón cortadas al despertar el día. ¡Ay! En la hora aquella, ¿dónde estaban las hadas protectoras del niño?, que no vinieron con la clara estrella de su vara de armiño a tocar en la frente a la hija mía, a devolver la luz a aquellos ojos, y a arrancar de mi pecho los abrojos de esta inmensa agonía, de este dolor eterno, de esta angustia infinita, fatal, inmensurable, de este mal implacable que deja el alma mustia para siempre jamás – que nada alcanza a mitigar en este mundo incierto. ¡Nada! Ni la esperanza ni la fe del creyente en la ribera nueva, en el divino puerto donde la barca que las almas lleva habrá de anclar un día; ni el bálsamo clemente de la grave, inmortal filosofía; ni tú misma divina Poesía que esta arpa de las lágrimas me entregas para entonar el salmo de mi duelo…Tú misma, no, no llegas A calmar mi dolor…¡Ábrase el cielo!¡desgájese la gloria en rayos de oro sobre mi frente … y desdeñosa, altivade su mal sin consuelo al celestial tesoro el alma mía cerrará su puerta: que ni aquí, ni allá arriba en la región abierta de la infinita bóveda estrellada, nada hay más grande, nada! Más grande que el amor de mi hija viva, Más grande que el dolor de mi hija muerta!

domingo, 4 de diciembre de 2011

El neoclasicismo


EL Neoclasicismo de Andrés Bello

     El neoclasicismo era un movimiento artístico de gran magnitud, que buscaba la universalidad  ya que, esta se encontraba con limitaciones y quería mostrar que los hombres eran iguales en todas partes. Se basaba sobre la razón puesto que buscaba educar teniendo en cuenta un carácter crítico, didáctico y moralizador, por esta causa rechazaba lo imaginativo y lo fantástico. Andrés Bello quería alcanzar una ideología en la poesía neoclásica tomando en cuenta la naturaleza y  el ideal de belleza a lo cual le llamo La Ideología de la Ilustración.
     Cabe destacar que Bello resaltaba en lo político – educativo pero sin dejar atrás la unidad, naturaleza y la armonía, crear un mundo independiente e intelectual con ayuda de la literatura era la base para que los hispanoamericanos salieran de la mediocridad. El neoclasicismo y sus corrientes literarias se empezaron a presentar a mediados del siglo XVII y muchos artistas lo presentaban de una forma egocéntrica mientras que Bello, con sus poemas mostraba la vida, la gran naturaleza que nos rodeaba y sobre todo la libertad y educación que se debía tener.
En este sentido Bello (1843), expresa que:
Yo, ciertamente, soy de los que miran la instrucción general, la educación del pueblo, como uno de los objetos más importantes y privilegiados a que puede dirigir su atención el gobierno, como una necesidad primera y urgente, como la base de todo sólido progreso; como el cimiento indispensable de las instituciones republicanas (P.3)


     Resumiendo lo antes señalado, se puede decir que resalta una de las características del neoclasicismo que sería la función moral y didáctica ya que el gobierno debía mostrar el interés por el pueblo y tener conciencia de todas las acciones que emprendían para que la nación tuviera una mejor preparación intelectual, en lo didáctico para así tener una pedagogía y métodos resaltantes al enseñar.
     Por otra parte, la filosofía de Andrés Bello siguió en pie hasta la actualidad ya que, no solo se aplicaron los conocimientos básicos como lo son leer, escribir y contar, también se fue profundizando enseñanzas más complejas como la ciencia y otras habilidades, todo para el desarrollo de la persona con la intención de que la sociedad fuera útil y así poder surgir por sus propios medios. La educación era para todos sin discriminación alguna, el pueblo debía conocer sus derechos y deberes, esto se ha tratado con gran importancia hasta ahora, lo cual se puede decir que su filosofía e ideología se siguieron aplicando.
Al respecto Bello (1836) expresa que:
Es preciso mejorar la sociedad y esto no se puede conseguir sin abrir el campo de los adelantamientos a la parte más numerosa de ella. ¿Qué haremos con tener oradores, jurisconsultos y estadistas si la masa del pueblo vive sumergida en la noche de la ignorancia y ni puede cooperar en la parte que le toca en la marcha de los negocios ni en la riqueza, ni ganar aquel bienestar a que es acreedora la gran mayoría del Estado? No fijar la vista en los medios más a propósito para educarla sería no interesarla en la prosperidad nacional. (P.3)

Para concluir, Andrés Bello buscaba el bienestar para la nación, los jóvenes eran y serán la esperanza para que todo gobierno sea relevante y didáctico, teniendo en cuenta que se debe salir de lo normal y lo mediocre, si se quiere surgir como nación y persona. Finalmente, hay que leer, culturizarse para no ser un ignorante más en este mundo.        

jueves, 1 de diciembre de 2011

..Conozcamos un poco sobre el Prerromanticismo*


*Prerromanticismo 
El prerromanticismo fue un movimiento literario que se desarrolla en Europa a lo largo del siglo XVIII y cuyo ocaso transcurre en las últimas décadas de la centuria, en total oposición al Neoclasicismo.
Durante el siglo XVIII triunfan en Europa las ideas clásicas francesas del siglo anterior (Neoclasicismo). Más, a la vez, se va forjando en varios países una reacción de signo radicalmente contrario.
*Caracteristicas del Prerromanticismo :
En el Prerromanticismo se dan los siguientes rasgos, que lo separan del Neoclasicismo:
  • Afirma el predominio del sentimiento frente a la razón. En sus obras, los escritores expresan sus    sentimientos más tristes y exaltados.
  • Rechazan las "reglas", aunque algunos escritores prerrománticos las aceptan.
  • Desaparición del tono didáctico de las obras 
  • La libertad como valor absoluto.
  • Puesta en entredicho de las reglas y preceptos del Neoclasicismo. De ahí que el teatro sin reglas de Shakespeare, despreciado por los neoclásicos, sea alabado por los prerrománticos.
  •  Repetición de palabras, de sintagmas, como muestra de obsesión, o de perturbación.
  • Frecuente sobre todo la anáfora del verbo o sustantivo al principio de frase o de verso.
  • Recursos de sonoridad: palabras violentas, broncas, rebuscadas, que a veces se acumulan en la obtención de efectos trepidantes.
  • Innovaciones lingüísticas tendentes a la intensificación léxica, a veces mediante sufijos o prefijos nuevos o inusitados.  
  • Frente a la naturaleza arreglada y tranquila típica de los escritores neoclasicistas,los prerromanticos y mas tarde los románticos prefieren lugares esotéricos y misterioso, como cementerios, escenas nocturnas, tormentas, apariciones de fantasmas, entre otros.

Como ejemplo de documento prerromántico, ofrecemos un pasaje del enciclopedista francés Denis Diderot, que en el año 1760, escribió:
¿Qué necesita el poeta? ¿Una naturaleza bárbara o cultivada, tranquila o tormentosa? ¿Preferiría la belleza de un día puro y sereno al horror de una noche oscura, donde el mugido de los vientos se mezcla por intervalos al murmullo sordo y continuo del trueno lejano, y donde se ve el relámpago inflamar los cielos sobre nuestra cabeza? ¿Preferirá un estanque a una catarata que se quebranta y rompe entre los peñascos, estremeciendo al pastor que la oye lejos, apacentando su rebaño en la montaña? ¿Cuándo veremos nacer poetas? Después de grandes desastres y grandes desdichas, cuando los pueblos comiencen a respirar, y las imaginaciones excitadas por espectáculos terribles, se atrevan a pintar cosas que ni siquiera podemos concebir los que no hemos sido testigos de ellas.